Contra todo pronóstico, las encuestas fallaron. Ni
hubo empate, ni el republicano Mitt Romney pudo hacerse con la
victoria en Ohio. Barack Obama se alzó como el gran vencedor en las
presidenciales norteamericanas. Lo hizo con un total de 303 votos
electorales, casi cien más que el Partido Republicano. Una ampla
mayoría que contrastaba con el empate que reflejaban a priori las
encuestas. El voto latino y el giro final de los estados indecisos
hacia el Partido Demócrata se convirtieron en las claves de la
victoria de Obama.
Quien gana en Ohio, lo hace también en las
elecciones presidenciales de EEUU desde 1964. Y en esta ocasión, la
tendencia se repitió. Aunque el candidato republicano había
centrado su campaña en ganar en este estado, finalmente no lo logró.
Obama se impuso, al igual que en Florida. Incluso, en Virginia, un
estado que cuenta con una amplia tradición republicana y que sólo
había votado en 2004 a los demócratas, ha logrado ganar.
El 70% de hispanos y el 60% de jóvenes menores de
30 años han confiado en el ahora reelegido presidente. Un apoyo
demócrata al que se le suma el voto femenino y el de las zonas
urbanas. Unos datos que confirman que Obama ha logrado movilizar el
voto de los sectores menos participativos. Un hecho que sin duda le
ha ayudado a cosechar finalmente una amplia mayoría sobre Romney.

Barack Obama confirmó su triunfo electoral a la una
de la mañana, hora local, en Chicago. Lo hizo rodeado por su esposa y
sus hijas en ese contexto de familia modelo que siempre ha marcado a
todo buen presidente estadounidense. El reelegido presidente
agradeció el apoyo de sus compañeros de partido, de sus votantes e
incluso de su adversario. Lo hizo recuperando el optimismo de aquel
lejano discurso de su anterior campaña del 2008. Obama volvió a
entregarse al "Yes, we can" y aseguró a los americanos que su triunfo servirá para salir adelante "juntos como
nación". Algo que resultará sin duda difícil en un país dividido y
con dos grandes frentes abiertos: la economía y la inmigración. El
demócrata aseguraba en su discurso que "lo mejor está por
llegar", pero para que eso llegue, primero tendrá que negociar
con los republicanos ya que estos mantienen la mayoría en la Cámara
de Representantes.
El triunfo de Obama sólo se puede entender desde
dos perspectivas: se ha convertido en el primer presidente capaz de
derrotar a Osama Bin Laden y se ha logrado beneficiar de las tesis
radicales que perjudicaban a los republicanos en temas como el aborto
o la inmigración. Pero ahora toca hablar de futuro y este se plantea
difícil en un país donde la subida de impuestos se hace
prácticamente obligatoria para 2013 y donde en los últimos cuatro
años se han perdido unos cuatro millones de puestos de trabajo.
El líder demócrata tendrá que enfrentarse a
un panorama conflictivo dentro y fuera de EEUU. En el plano nacional,
Obama deberá negociar con el Partido Republicano para poner en
marcha antes de enero de 2013 la Ley de Control Presupuestario que
permitiría reducir el gasto público y el déficit hasta un 5%.
También se ha comprometido a poner en marcha unos 120.000 puestos de
trabajo y una reforma sanitaria con mayor peso del servicio público
que será pionera en América. En el plano internacional, Obama
cuenta con demasiados frentes abiertos. Deberá lidiar con China,
posicionarse en el conflicto de Libia y decidir s finalmente retira
las tropas de Afganistán antes del final de 2014. Además, necesita
seguir controlando la acción terrorista de Al Qaeda y tendrá que
tomar una decisión sobre la actuación de EEUU en Irán. Teherán ya
ha iniciado su programa nuclear y Obama no ha querido pronunciarse
sobre este tema en su campaña electoral.
Obama ha ganado, sí. Pero el futuro que le espera
por delante ahora no es el mismo que en 2008. Sus votantes no
arrastran la misma emoción y sus medidas se espera que sean mucho
más conservadoras. Las negociaciones en la Cámara de Representantes
continuarán siendo difíciles. En el Senado, la mayoría demócrata
no permite poner en marcha grandes proyectos innovadores. Y los
conflictos en cuanto a inmigración y déficit fiscal, hacen que el
Obama del cambio se convierta ahora en el Obama del conservadurismo.
No tendremos un segundo mandato cargado de sueños, pero sí
mantendremos el apoyo americano a Europa. Y si ese apoyo basa sus
argumentos en la defensa de unos derechos públicos que aquí se han
empezado a olvidar, mejor que mejor.
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